Remedios indígenas amazónicos

Remedios indígenas amazónicos
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La medicina tradicional es también considerada como un sistema complejo conformado por elementos como conocimientos, tradiciones, prácticas y creencias, los cuales se estructuran organizadamente a través de sus propios agentes conocedores (especialistas terapeutas, parteras, promotores, sobadores).

Éstos poseen un método propio de diagnóstico y tratamiento; así como recursos terapéuticos propios, los cuales son reconocidos como las plantas medicinales.

Más específicamente, la medicina tradicional indígena comprende aquellas prácticas médicas que han tenido su origen antes del periodo de la Colonia, en los espacios sociales y geográficos de las comunidades indígenas; así como un surgimiento en procesos donde la metodología terapéutica se basa en la historia, la cosmovisión y la identidad cultural indígena.

Esto hace énfasis en la característica de arraigo a una tradición cultural, permitiendo que se pueda hablar de distintas medicinas tradicionales de acuerdo a la comunidad y la zona geográfica en donde se practique .

La estrecha relación salud-naturaleza se puede entender a través del ejercicio de la medicina tradicional de los sistemas de conocimiento chamánico, que involucra el saneamiento y la legalización territorial, su ordenamiento y aprovechamiento de los recursos.

Al ser concertados estos aspectos en un comanejo de áreas protegidas y territorios indígenas, se evidencia también la relación salud-territorio.

Asimismo, esta relación se materializa a través de las plantas medicinales que corresponden a especies vegetales con principios activos que tienen propiedades terapéuticas comprobadas empírica o científicamente .

Éstas producen metabolitos secundarios útiles para la solución de problemas específicos de salud en el hombre; reflejándose así, el efecto de la naturaleza en la química y biología requerida para este proceso.

Los médicos tradicionales tienen un amplio conocimiento de esta relación y de la importancia de estas plantas, no solo para el campo biomédico (diagnóstico, curación o prevención de enfermedades) sino también para el ordenamiento territorial y cultural de los grupos étnicos .

 

 

Lo anterior, hace referencia al hecho de que muchas plantas medicinales hacen parte de la historia de la comunidad y sus dueños reales pueden ser espíritus que se encuentran en otro mundo (al cual solo pueden acceder los chamanes) o seres inmortales que nunca fueron humanos; por consiguiente, su uso va a depender de la negociación que haga el chamán con estos seres y del permiso que le sea otorgado ,este uso de las plantas va más allá de lo práctico pues implica recordar y memorar sus historias, así como develar su origen. Debido a esto, la historia mítica de la planta es clave para su uso, pues da cuenta de las razones por las cuales son empleadas por la comunidad.

La concepción de medicina tradicional Tikuna3 de Macedonia, se enfoca en las actuaciones adecuadas o inadecuadas de la persona, ya que estas influyen directamente sobre su salud o enfermedad. De esta manera, la cura radica más en el cambio de los comportamientos que moralmente no son aceptados por la comunidad, que en el tratamiento físico del cuerpo.

Con base en esta percepción, más allá de una dimensión biológica, se puede hablar de la relación de las enfermedades con la moral concebida en la comunidad que se justifica con la conformación de un cuerpo cultural .No obstante, esta relación no es legitimada por la medicina tradicional, y por lo tanto, la forma de tratar la enfermedad no va a ser similar, pues no encaja con la validez del conocimiento dado por la racionalidad occidental.

En este Resguardo existe un manejo de las plantas medicinales, bajo la forma de “medicina casera”, en donde se elimina el chamanismo, curanderismo u otra forma de rito pagano que vaya en contravía con la fe evangélica manejada en la comunidad.

Dentro de las plantas medicinales con mayor uso cultural en Macedonia se encuentran el Yarumo (Cecropia sciadophylla), el Carambolo (Averrhoa carambola) y la Uña de Gato (Uncaria tomentosa), las cuales son empleadas por los indígenas a través de un conocimiento que está ligado a la relación de cada individuo con el medio físico, dada por sus vivencias.

El conocimiento tradicional indígena puede ser entendido como un sistema acumulativo de conocimientos no formales, resultado de la observación empírica y la transmisión oral de experiencia que pasan de una generación a otra. En este sentido, el conocimiento sobre el uso medicinal de las plantas de Yarumo, Carambolo y Uña de Gato dentro de la comunidad debería presentarse por la transmisión de los abuelos a los más jóvenes.

Se encontró en el grupo de las personas con mayor edad un predominio del conocimiento del uso de las plantas medicinales, especialmente sobre la Uña de Gato y el Yarumo (82% para ambas plantas). Contrario a esto, en el grupo de personas jóvenes se evidenció que la mayoría no sabía los posibles usos medicinales de la Uña de Gato (67%). En el grupo etario de 43-60 años todos los individuos tenían conocimientos sobre algún uso medicinal del Yarumo

Al indagar sobre las fuentes de conocimiento para cada una de las plantas, se encontró que la familia, especialmente los abuelos, sigue teniendo un rol significante en la transmisión del saber a través de la tradición oral y las actividades cotidianas .

No obstante, la incidencia de la madre fue baja tanto en el Carambolo como en el Yarumo, y nula en la Uña de Gato. Es probable que el difícil acceso a esta última en el Resguardo, por escasez y las grandes distancias que hay que recorrer para obtenerla, ha hecho que se privilegie el uso otras plantas medicinales de fácil acceso

Por consiguiente, el conocimiento sobre el uso de la Uña de Gato se ha restringido más hacia los abuelos sabedores, quienes han tenido contacto con personas externas a la comunidad y de las cuales han adquirido parte de su saber. Este tipo se conoce como “conocimiento distribuido” porque no es compartido por toda la comunidad, pero sí se sabe quién la posee y se recurre a él

Los resultados en las tres plantas evidencian la influencia de las fuentes de información fuera del Resguardo, nacionales y extranjeras en los grupos etarios de los extremos (jóvenes y ancianos); por ende, las relaciones interétnicas que se dan con otras comunidades indígenas y con la cultura occidental inciden de forma constante en el proceso de aprendizaje tradicional dentro de Macedonia.

Sin embargo desde la década de los 70, la OMS habla de la necesidad de integrar fármacos tradicionales en nuestra medicina occidental, sobre todo por razones culturales y económicas ya que el 80% de la población mundial no tiene acceso a la medicina occidental y recurre así a la medicina tradicional.

En esta exótica localización encontramos una variadísima flora con la cual se elaboran la mayoría de los fármacos que usamos hoy día. Empresas farmacéuticas tan conocidas como Bayer extraen la materia prima de esta zona para elaborar productos. Trataremos acerca de estos métodos tradicionales, técnicas que pasan de padre a hijo, de una generación a otra. Una serie de métodos que aunque a nuestro parecer pueden ser rudimentarios o bizarros, son 100% naturales y efectivos.

JENGIBRE: este es un tubérculo de sabor fuerte y exótico que normalmente utilizamos para aromatizar nuestros platos, ya sean dulces, ensaladas, salsas, etc., sin embargo si nos centramos en sus beneficios médicos, el jengibre se usa en esta cultura como analgésico/antiinflamatorio, además de acabar con las náuseas, gracias a la presencia de fenoles y gingeroles en su raíz. Se elabora una especie de té de jengibre, dejando reposar el tubérculo en agua hirviendo por unos minutos. Si se ingiere, acaba con dolores y náuseas. Si se aplican paños calientes humedecidos con este remedio en una zona inflamada, desaparecen la hinchazón y el dolor.

En nuestra cultura, algunos deportistas añaden jengibre a sus batidos proteicos y antioxidantes en procesos de recuperación de lesiones.

TELA DE ARAÑA: La tela de araña se usa en los pueblos indígenas como coagulante. Al producirse una herida o corte, se aplica un pedazo de esta sustancia resistente y pegajosa sobre la zona de sangrado, coagulando la sangre y acelerando el proceso de cicatrización. La tela en concreto se extrae de la viuda negra, una de las arañas más exóticas y venenosas del mundo. Se ha demostrado que la fibroina (proteína estructural) presente en la tela del arácnido es la encargada de realizar la función médica. Científicos de la universidad de California han logrado aislar la secuencia genética necesaria para la síntesis de fibroína para producirla a nivel comercial y elaborar medicamentos.

 

LA CHIRIMOYA: esta fruta procede del continente americano, y su nombre significa ¨semillas frías¨, ya que germina a elevadas altitudes.

Comenzó a cultivarse en Europa con la conquista de América, y de ahí fue llevada a Oriente por los exploradores españoles. Tiene una infinidad de propiedades beneficiosas para la salud: refuerza la memoria, reduce el estrés diario, se digiere con facilidad debido a la cantidad de enzimas hidrolíticas que contiene, además de vitamina C, proteínas, azúcares, fósforo, antioxidantes, etc. Sin embargo, esta fruta es de gran ayuda durante el parto, una propiedad asombrosa. Las semillas de la chirimoya se ponen a hervir con un poco de agua y se le da a las mujeres indígenas justo antes del parto y durante este, con el fin de apresurarlo. Actúa como las prostaglandinas, contrayendo el tejido muscular liso del útero durante el parto. Además, quedó demostrado el efecto citotóxico de las semillas de chirimoya, previniendo el cáncer de cuello uterino, cáncer de mama y leucemia. Esto les llevó al premio Nobel de Medicina Abeefe Brystol Meyers a un grupo de estudiantes en 2007. En definitiva, un auténtico superhéroe con propiedades anticancerígenas, antioxidantes, laxantes, etc.

Estos son solo unos pocos ejemplos de la extensísima medicina tradicional de la cultura indígena, la cual puede parecernos extraña y poco común. Sin embargo queda demostrada su efectividad, no solo por los estudios llevados a cabo en distintas universidades, sino porque vienen utilizándose desde hace miles de años y sus componentes químicos se usan para fabricar nuestros tan apreciados fármacos.

Los pueblos amazónicos están desarrollando estrategias de contención a través de su medicina tradicional con una variada puesta en servicio de plantas preventivas dirigidas a reforzar el sistema inmunológico relativo al aparato respiratorio.

Una de estas respuestas que ha surgido en la Amazonía peruana, y que podría verse dentro de este conjunto de tradiciones caseras para atenuar la agresividad de un problema respiratorio es la creación del valiente “Comando matico”. Al margen de ser una respuesta irónica al afamado “Comando Covid”, en Pucallpa se ha unido un grupo de jóvenes para suplir un vacío y su objetivo es proporcionar plantas medicinales a las aldeas en cuarentena colindantes a las ciudades, especialmente a las familias que ya presentan sintomatología de desordenes respiratorios. Ellos tienen su área de intervención en los distritos de Yarinacocha, Manantay y Callería y por el impacto que ha tenido esta iniciativa se está replicando, en otras localidades como la Provincia de Padre Abad, en los pueblos a orillas del río Aguaytía

Esta iniciativa, del “Comando matico”, no surge de un espontaneo e improvisado afán humanitario sino proviene de una práctica milenaria, cuyos componentes son la sabiduría ancestral y la solidaridad, ambos forman parte de las estrategias fundamentales que han permitido sobrevivir a los pueblos originarios, durante toda su historia, especialmente desde la presencia occidental en territorio americano, la que de modo directo o indirecto ha sido la causa de las múltiples pandemias que han diezmado a su población. Esta práctica tiene un rito central desde donde se organiza la medicina tradicional y la espiritualidad indígena amazónica. Su nombre es bastante conocido, probablemente mucho más que en el propio Perú, en otros continentes y se llama, “La ceremonia de la ayahuasca”. Aquí va una síntesis de su procedimiento.

 

La ceremonia de la ayahuasca

Cuando el atardecer del trópico ha cedido todos sus encantos a la noche y el manto oscuro se ha extendido desde las sombras de los árboles hasta el más descampado paraje, penetrando incluso en las miradas de los animales que acechan en el bosque, la mesa está dispuesta para la ceremonia de la ayahuasca.

El centro de la ceremonia es una bebida que se obtiene de la planta maestra llamada ayahuasca y su compañera la chacuruna. En ellas habitan los espíritus mayores de las plantas del bosque. Los participantes toman este líquido de color marrón oscuro, textura espesa, sabor dulce-amargo y olor a ofrenda vegetal en una dosis precisa que el maestro conductor les sirve a cada uno. Previamente, el hombre medicina, conversando con el convocado, ha echado una primera mirada en su paciente y le ha prescrito una rigurosa dieta, de este modo sabe cual es la justa medida de la “toma”, para que una vez ingerido el brebaje lo conduzca paso a paso en la escala, a veces inhóspita, de su alma.

La dieta previa ha hecho que los cuerpos tengan una buena disposición para recibir a la planta maestra. Al poco tiempo, después de hacer la toma, cuando las luciérnagas puntean la oscuridad con su chispa de fuego y los chirridos de los grillos rasgan los murmullos oblongos de la selva, los cuerpos aligerados se relajan y sienten un leve enfriamiento. Se inicia, entonces, la comunión entre los asistentes, que sin dejar de ser ellos mismos, son también el grupo.

El ejercicio de interiorización al que te introduce la toma de la sustancia ceremonial se inicia con una serie de asociaciones, recuerdos, proyecciones, preocupaciones y todo ese revoltijo anímico que muchas veces nos oprime. Luego llegan las primeras visiones en forma de una compleja geometría de líneas fosforescentes y zigzagueantes que producen un vértigo de movimiento acelerado.

Se da paso luego al momento en el que se experimenta la condición fragmentaria a la que nos obligan los regímenes de la vida cotidiana. Es el momento de la fragmentación y de la “mareación”, el momento en que se expulsa el mal. Aquí el cuerpo busca desprenderse de los excedentes físicos y anímicos, de las tensiones y miedos que se materializan en forma de fluidos intestinales y en la tensión excesiva de los músculos y tendones disgregados en fragmentos irreconciliables. Vienen entonces las arcadas que te obligan a expulsar de modo físico y anímico, a veces de modo brusco e incómodo todo lo que impide la calma y el vuelo simbólico que el participante de la ceremonia está a punto de emprender. Es la parte donde las plantas maestras limpian el organismo de todo aquello que ha maniatado el movimiento libre y armónico de los cuerpos en unidad con las almas.

Después de la batalla, el cuerpo recupera su calor y entra en la etapa de las visiones. Mente y emoción emprenden un recorrido biográfico en donde aparecen en forma de imágenes los recuerdos más inquietantes que nos han marcado la vida. Imagen tras imagen se revisa de modo acelerado la trayectoria personal en contraposición con la quietud y el letargo de los órganos, músculos y huesos que reposan tendidos en la maloca. Durante este momento de la ceremonia, el maestro curandero, médico tradicional, hombre medicina, entona los cantos sagrados llamados “ikaros”. Canciones eternas que de padres a hijos, generación a generación, a través del estímulo de las plantas medicinales, se han trasmitido entre las milenarias culturas amazónicas. Cada pueblo ha conservado este legado, adaptándolo a los sonidos de su lengua y a la mitología de su linaje como un canto que condensa los insondables sonidos de la selva. La disposición de las imágenes pueden darse de modo ordenado en secuencias o de modo caótico en imágenes fantásticas. El maestro, premunido de un mapacho y atento al efecto de las visiones, monitorea al paciente con un ikaro individual y con abultadas bocanadas de humo del tabaco, que a estas alturas de la ceremonia se suma, con su espíritu protector, a este momento de encuentro y de unificación.

Los ikaros son melodías repetitivas y penetrantes que el maestro canta durante la ceremonia. Si la “mareación” llegara a un vértigo difícil de manejar, los ikaros ayudarán a pasar la tempestad. Con estos cantos, de modulaciones agudas, suaves y delicadas por momentos, que se alternan con sonidos graves y marciales, el maestro renueva a cada momento y durante toda la noche su conexión con el grupo y con cada uno de los asistentes. Estos cantos sagrados se realizan obedeciendo a una estructura de inicio, medio y final: un canto de apertura, que a la vez encapsula al grupo en una capa protectora, luego vienen una serie de cantos de desarrollo y finalmente se termina con un canto de cierre.

El mensaje que transmite el canto final se conoce como “arkano” y es un seguro protector en forma de melodía, que el acólito llevará hasta la siguiente ceremonia y, dependiendo de su trabajo de seguimiento interior, lo acompañará durante toda su vida.

Es importante resaltar que la medicina tradicional indígena es un conjunto de conocimientos, prácticas y creencias de una cultura, que le dan un sentido holístico al concepto de salud bajo un dominio físico, espiritual y ambiental .

 

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